Mireya Valdebenito V.
Resumen
La emergencia de la responsabilidad social empresarial no es sólo un tema de moda, una casualidad, o sólo un buen negocio para la comunidad, los trabajadores y el medio ambiente. Cada día, se consolida más como una oportunidad para las propias empresas de posicionarse y consolidarse en el competitivo e inestable mercado, donde el que no se actualiza, simplemente desaparece.
La a veces escasa o nula conexión de las empresas con las necesidades de la comunidad, el medio ambiente e incluso con el bienestar de sus propios trabajadores y las familias de éstos, han llevado a que durante muchos años, las empresas sean visualizadas como entidades que sólo buscan la generación de riqueza y excedente para sus dueños, y en gran parte esto no ha sido sólo un problema de imagen, sino que ha sido y sigue siendo la tónica de la mayor parte de las empresas, pues está en su génesis y objetivo central el generar riqueza para quienes son sus dueños.
En los últimos años, sin dejar de lado su rol principal de generar dinero, algunas empresas han ido adquiriendo otros papeles tanto en el ámbito productivo interno –en la relación que mantiene con sus propios trabajadores y sus familias- así como en el ámbito social o comunitario y medio ambiental. De esta forma, emerge el concepto de responsabilidad social empresarial o corporativa (RSE o RSC), como una mirada más amplia de las relaciones productivas y de consumo, y el desarrollo humano.
Bajo este concepto existe una visión estratégica de hacer negocios, que conjuga la infaltable generación de riqueza con ciertos criterios éticos que buscan fomentar el desarrollo humano sostenible y la calidad de vida de la comunidad.
Pero ¿hay sólo buenas intenciones detrás de las empresas que integran en sus planes de desarrollo estratégico la responsabilidad social empresarial?. Pues bien, en muchos casos quizás sí, así como en otros tantos quizás no. Y esto porque es difícil identificar el límite entre lo que la empresa hace por bien de la comunidad, y lo que hace por el bien de la imagen de su empresa ante sus trabajadores, consumidores y la sociedad en su conjunto.
Si bien, la responsabilidad social corporativa no es sencilla de implementar, ya que no consiste en sólo realizar un par de actividades predeterminadas, ni en entregar filantrópicamente recursos para mejorar las condiciones de vida y el desarrollo humano de ciertos sectores, sino que necesariamente implica una planificación estratégica que la acompañe, una misión, visión, objetivos y actividades que integradamente den cuenta de una perspectiva concreta, de una forma de hacer empresa que está impregnada por esta responsabilidad hacia y para con su comunidad; la RSE resulta cada vez más atractiva para grandes sectores empresariales, como un medio para contar con una buena imagen corporativa, que destaque sus cualidades positivas y su compromiso con el desarrollo sustentable –a nivel comunitario y ambiental-.
Y es cada vez resulta más atractivo incorporar estas nuevas visiones. No sólo por un tema ético, sino porque la apertura del mercado exige nuevos estándares de producción –ya no basta con producir barato, sino que es necesario garantizar condiciones mínimas a los trabajadores que producen dichas mercancías – y aquí se incorporan a nivel mundial los conceptos de comercio justo- también es requisito cumplir con estándares de producción que respeten el medio ambiente – fortalecido con la idea de desarrollo sustentable.- y que además cuente con un compromiso por las implicancias que en todo ámbito puede tener tanto la producción como el consumo de dichos productos o servicios –consumo responsable-.
En este contexto, la responsabilidad social se transforma inevitablemente en una nueva una oportunidad de desarrollo para los negocios de las empresas, que les permite mantener su objetivo central y que entrega un valor agregado al mismo, porque ya no sólo se genera riqueza, sino que además se hace “de buena forma” aportando a las personas, la comunidad y el medioambiente. Esto permite a las empresas mejorar su imagen corporativa o imagen de marca, frente a sus propios trabajadores fomentando su compromiso con la empresa, frente a sus actuales y potenciales inversionistas, y frente a la comunidad, lo que en el mediano y largo plazo redunda en una mayor sustentabilidad del negocio en cuestión.
Por ello, lo de la responsabilidad social empresarial no es tan sólo un buen negocio para el desarrollo social, ni un simple tema de moda, sino una gran oportunidad para las propias empresas de posicionarse y consolidarse de manera positiva y sustentable en el mundo de las imágenes corporativas y en definitiva, en el competitivo y variable mercado, donde el que no se actualiza, simplemente desaparece.