Carolina Castruccio A.

Judith Butler es una de las más provocadoras teóricas actuales, que describe la sexualidad, no como la elección voluntaria de un sujeto libre, sino como efecto de reglas culturales que dicen que es lo normal y que es lo "abyecto". Ella insiste en una lúcida crítica a la idea esencialista de que las identidades de género son inmutables y encuentran su arraigo en la naturaleza o en las teorías biológicas. Para ella, sexualidad y género no son el resultado de un voluntarismo propio de un sujeto que escoge, sino un proceso de coacción y construcción cultural que divide las aguas, entre las normas reguladoras heterosexuales y los cuerpos abyectos, infames y no legitimados que no se ajustan a ellas. Estos últimos serían esos cuerpos que, al exceder a la matriz heterosexual o régimen de repetición sexual regulador, se desplazan entre los estigmas paralizantes y las sexualidades patologizadas, a las cuales correspondería en este caso la intersexualidad.

El poder, para la autora, opera delimitando la materialidad de los cuerpos y definiendo la interioridad psíquica del sexo. Opera como efecto forzado que forma al sujeto, le proporciona la condición de su existencia y la trayectoria de su deseo. Revisando a Foucault, Butler señala el carácter paradójico del poder, la doble valencia que lo constituye como portador de la sujeción y la producción. En este sentido, se podría pensar que si cada uno ejerce poder, y otros ejercen poder sobre uno, el ejercicio de poder sobre los intersex es más o menos evidente…..¿qué espacio político constituiría su ejercicio de poder? Se piensa, como se señaló anteriormente, que ese espacio lo constituye la reflexión crítica, la rebelión y contrapropuesta ante el sistema social heterosexista, el cuestionamiento a la pretendida estabilidad del género. En palabras de la autora: “…se trata de un sujeto que, atrapado culturalmente en la heterosexualidad, negocia sus construcciones, siendo capaz de producir configuraciones de género a expensas de la sexualidad normativa”.

Performatividad es el concepto que Butler utiliza para comprender el dominio simbólico y la construcción de género. Lo performativo emerge de un ritual repetible que logra su efecto naturalizándose culturalmente en el cuerpo. El género resulta, para la autora, performativo, porque registra en sucesivas capas rituales, vigilancias y castigos que configuran en el tiempo el aparato psíquico. Aquello que habilita socialmente a los cuerpos que importan es la cadena repetible de citas que el género expone simbólicamente como la red de autorizaciones y prohibiciones. Entonces, éste funciona por repetición e impone formas hegemónicas de masculinidad y feminidad. Butler sostiene que cuando no logran repetirse fielmente dichas formas se abre en su fracaso una posibilidad de resignificación del género. A este quiebre de la repetición, la autora, lo llama espacio ocasional en el que habita el cuerpo abyecto, en este ensayo el intersex.

La performatividad como repetición ritual habilita al sujeto y constituye su condición temporal. Sólo la pérdida de las normas de género heterosexual tendría el efecto de hacer proliferar diversas configuraciones de género, desestabilizar la idea de identidad sustantiva y abrir el futuro para los denominados cuerpos abyectos. Por ello Butler sostiene en “Cuerpos que importan” que si existe libertad de acción, debe buscarse, paradójicamente, en las posibilidades que ofrece la apropiación de la ley reguladora, su condición impuesta y la identificación con las demandas normativas.

Desde todas, de las muchas, perspectivas expuestas, la intersexualidad se configura desde sí misma como una construcción histórico lingüística desde los sujetos, desde agentes en el borde, en los límites. En los límites ¿de qué?….de una semántica, de un cuerpo, de un género. Representan sexos construidos en los actos de habla, que de alguna forma se apropian y exceden una matriz heterosexual para diferenciarse de ella, y decidir su exclusión de la misma.

Foucault hablaba de la pretensión y cacería del “sexo verdadero”. ¿Es que acaso aún hoy, en la mixtura social de la convivencia de lo andrógino, lo trans, lo inter, lo homo, lo hetero, lo border, se puede hablar de UN sexo VERDADERO?¿qué serían entonces los demás?¿falsos sexos?¿desde dónde y bajo qué argumentos? Asistimos a una “insurrección” de los sexos, donde se amplían y convergen distintas y múltiples formas de vincularse con el otro. Se difuminan los límites, se relativizan las verdades. Más que pretender nombrar, categorizar y normar estas diferencias, ¿no será necesario un poco más de respeto y tolerancia al respecto?, ¿qué tiene de insultante la diferencia del otro?, ¿por qué, de dónde esa absurda fantasía de homogeneidad?....que en realidad lo que muestra es que soy igual al resto hasta que me salgo de la norma. Y, ¿es tan bueno estar en la norma?, ¿ser anónimo, inespecífico, sin colores ni crítica?....y ¿no estaremos, en la norma, tanto o más solos que los OTROS?, ¿por qué este lado es mejor que el otro?

Intersexualidad…historia, biografía, normas, rebeldía, performatividad, estilo….algunas de las acepciones semánticas que constituye para quien escribe el presente ensayo. Muchas preguntas surgen y pocas respuestas se encuentran. Lo que está claro es que el reciente conocimiento que constituye la palabra intersexualidad no queda sólo en el ámbito académico y teórico, sino en el ámbito de las relaciones humanas, abriendo la oportunidad de conocer y aprender desde universos personales, paralelos y únicos, una nueva posibilidad de identidad.


Bibliografía

APUNTES Cátedra Filosofía del Erotismo, dictada por la profesora Olga Grau, 1º semestre 2006.

FOUCAULT, M. Herculine Barbin llamada Alexina B. Editorial Revolución. Madrid, España. 1978.

ILGA FILES. Comisión de derechos humanos de las Naciones Unidas/Ginebra 2004. En http://www.ilga.org

AGHULA, revista de Cultura. Nº 9. Roberto Echavarren: los estilos del andrógino. Sao Paulo, Febrero 2001. En http://www.revista.aghula

Ñ, revista. Servicio Sexual Obligatorio. Judith Butler: crítica literaria y feminista. Presentado por Adrian Cangi. Edición Julio 2003. En http://www.clarín.com