La Basura nos Invade

Mireya Paz Valdebenito 
 

En los últimos 10 años ha crecido la basura urbana casi un 50%1, y en Chile, se estima que cada persona produce en promedio más de un kilo de basura sólida diariamente, y es probable que esta cifra vaya en aumento de la mano con el ascenso de las cifras macroeconómicas. Ello, porque se ha observado que a mayor riqueza, mayor es la cantidad de desechos producidos, y esto sólo si consideramos los desechos sólidos, porque hablar de los residuos cloacales, los gases que se emiten a la atmósfera, los residuos peligrosos o incluso la basura espacial, eso ya es otro tema, aunque no residual por cierto.  

Un ciudadano norteamericano puede producir casi 750 kilos de basura al año, en tanto que un ciudadano de un país pobre o incluso en vías de desarrollo como muchos países latinoamericanos puede producir cerca de 350 kilos anuales. Más allá del tonelaje, la composición de los desechos también varía, así por ejemplo países más ricos producen mayoritariamente desechos de plástico, cartón, papel y metal, en cambio los países más pobres producen básicamente basura orgánica, es decir restos de frutas, verduras y carne.

Por eso, si alguien revisa esta noche tu basura, podrá ver qué comes, qué vistes, con qué limpias, con qué te entretienes, dónde compras… en fin, tu basura habla de ti. Y es que esto no es nuevo, ya desde 1975 existe la “basurología”2, que analiza las pautas de consumo a partir de los desechos producidos por las personas, y se han visto ya varios reporteros revisando la basura de famosos personajes para saber por ejemplo, de qué tela será el vestido que usará en su boda…

Pero la basura tiene múltiples caras, es un negocio (para los fabricantes de camiones, administradores de vertederos y rellenos sanitarios, recolectores, etc.), también una alternativa de supervivencia (para los cartoneros por ejemplo), un problema político (para los gobiernos y administraciones locales), ambiental (para la sociedad y mundo en su conjunto), y a su vez, un asunto económico y cultural que da cuenta de nuestras formas de apropiación social y relación con el medio ambiente.    

Y es que la basura es otro ejemplo más, de cómo las estructuras y sistemas económicos impactan el medio ambiente y la vida cotidiana de los sujetos. Y es que cada sistema productivo y estructura social, genera formas de percepción y de interrelación con la naturaleza, así como modalidades de apropiación social y de transformación de medio ambiente. Esta manera de relacionarnos y aprehender el medio, forma parte de nuestra civilización, de lo que hacemos, producimos y reproducimos.  

No es casualidad entonces, que los problemas ambientales que hoy vivimos como la contaminación aguda, la crisis energética, la escasez de agua y alimentos en algunas zonas del mundo no hagan más que poner en duda nuestra civilización, y sobretodo, la racionalidad económica con que nos relacionamos con el medio ambiente. 

La basura da cuenta de esta racionalidad, y se constituye así en un problema para muchas sociedades. Para las desarrolladas, porque pone en juego diversas estrategias para la eliminación, reciclaje y reducción de desechos. Para las no desarrolladas, porque tienden a ser receptoras de basura de los países ricos. La Red de Acción de Basilea denunció a fines del año pasado en la Conferencia de las Partes de la Convención de Basilea en Nairobi, que África se ha convertido en el mayor receptor mundial de basura electrónica tóxica (partes de computadores, celulares y aparatos electrónicos obsoletos), los que claramente no son producto de los desechos africanos, sino que son “importados” desde los países ricos.  

Por lo anterior, resulta clave poner en cuestión las prácticas de producción y consumo y su efecto sobre el medio ambiente, dado que es evidente su impacto en las condiciones de sustentabilidad del planeta y de generación de nuevas desigualdades a nivel planetario. Y si bien está claro que las formas de aprovechamiento sustentable de los recursos están sobredeterminadas por las condiciones de expansión de la actual economía de mercado, también tienen un importante componente que depende de las estructuras tecnológicas, institucionales y culturales que sirven de base a la actual racionalidad económica. 

Por ello, hemos de ser capaces como individuos -con acciones personales concretas- de reducir los niveles de consumo que mantenemos y que están en directa relación con la cantidad de desechos que producimos, y en paralelo, de activar a nivel societal una gestión ecológicamente sostenible de nuestra basura.  

Para ello podemos:

  • Tener un consumo moderado y utilizar eficientemente los productos.
  • Reducir la cantidad de desechos generados, por ejemplo escogiendo aquellos productos con envases reutilizables (recargas).
  • Recuperar la basura producida (clasificándola) y reintegrarla al ciclo productivo, esto permite cambiar el ciclo “producción, consumo y eliminación” por “producción, consumo, recuperación y reutilización  para la producción”
  • Canalizar de manera adecuada los residuos finales, es decir todos aquellos que no pueden ser reintegrados al ciclo productivo (en especial los desechos peligrosos y tóxicos) evitando aquellos sistemas de eliminación que implican un riesgo para el ambiente y la salud, y propiciando aquellos que incorporan la responsabilidad social y ecológica como un parámetro de calidad, evitando el envío de estos desechos a zonas y países pobres.
 
 

Referencias 

Organización Ecologistas en Acción en www.ecologistasenaccion.es

Instituto para el Desarrollo Sostenible,  Boletín de Negociaciones de la Tierra en www.iisd.ca

Salinas Valley, Solid Waste Authority en http://www.svswa.org/recycling/recycling_articles/2006-05_span.htm